EL PALMO

JUEVES LARDERO. “EL PALMO”

 

UNA FIESTA QUE SIGUE CELEBRANDOSE DE ACUERDO CON LOS RITOS TRADICIONALES.

Para contrarrestar el recogimiento cuaresmal estaban los carnavales, para la abstención de carnes estaba “el jueves lardero”. Claro es que hoy por motivo de evasión, carece del colorido emotivo que en tiempos tenia, aunque vuelve a recuperarse esta fiesta.

Hoy es simpático merendarse un palmo de longaniza, chorizo o choriceta, no cabe duda alguna. Pero entonces era, además emotivo. Con la emoción de lo casi insólito, de lo casi prohibitivo.

Casi y sin casi, porque estaba prohibido comer longaniza durante una temporada. Durante todo el tiempo penitencial, durante todos los viernes del año, amén de las vigilias de festividad de santo que la tuviera.

Malas las primaveras. Habíase sacrificado el cerdo familiar, tan cuidado y alimentado en espera de que aquel almacén viviente devolviera todo lo que en él se había metido. Habíase sacrificado con regocijo y sin ningún duelo, con calor y sin ninguna fiesta. Al calor del fuego que cocía las morcillas. Al calor de la sartenada de chicharrones de su manteca, al calor de los primeros sabrosos fritos, casi para desayunar, traídas las raspaduras de la degolladura a casa con prisa y sin deseo. Prisa por recobrar cuanto antes cuanto se había dado, deseo de lo sabroso y de las primicias de lo abundante a mano.

Fiesta aunque pequeña, porque no había que gastar todo de vez. Poco a poco el invierno había consumido los colgados. Los perniles o se vendía o quedaban igualmente en alto. Para la siega, para la era, para la hora de los trabajos duros.

Y el invierno era tan largo en la casa donde había muchos chicos Y los chicos querían su longaniza o su chorizo para el jueves lardero. Porque para los chicos era la fiesta. En la escuela habían dado vacaciones para aquella tarde. En casa la algarabía, cada cual prestando su palmo, estirado, mohínos y cariacontecidos porque se pitanza era más corta. Se arreglaba poniendo el cuchillo un poco más allá, porque se había casi, casi con rito. Cada cual ponía su palmo encima de la mesa, estirado y alargado cuanto más podía, blancos los nudillos por la presión, cuchillo y rastra allí, a la vera. Y, “¡toma!”, a cada cual lo suyo.

Se iban todos según hacía el tiempo. Si el tiempo era bueno -“a San Jorge”- que estaba allí cerca y era el de las celebraciones primaverales. Si no se podía salir, buen bocado junto al hogar. Eso fue así.

Jueves lardero, por carnes tolendas (retirada de las carnes, puerta para cerrar y despedida. Celebración de la añoranza, tomar con fruición lo que después ha de esta vedado.

(Relato de Joaquín Irache Macaya en “Borja Exprés” - Aragón Exprés 1972.)

Mi recuerdo permanente para quién tanta historia nos enseñó en el Cicar, y mi gratitud por este legado. Gracias Joaquín, y buen provecho os haga “el palmo”. (Cronista Oficial de la Ciudad de Borja 4-2-2016.

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Comentarios

28.07 | 13:14

Me interesaría saber cuando hubiera un puesto de trabajo en el centro ocupacional de Agón porque me acaban de dar un 36% de discapacidad.

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18.12 | 22:58

ULTIMAS NOTICIAS EN HERALDO SOBRE EL CASO DE DON FLORENCIO GARCÉS.

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02.12 | 01:00

Emilio. he descubierto demasiado tarde tu web. Pero mi amistad y admiración por tí, es antigua y lo sabes. Un fuerte abrazo. Mejor dicho. Un fortísimo abrazo.

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10.11 | 22:13

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